El papa Francisco en la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo: «La esperanza nos hace fuertes»

David López
31 de enero de 2025

La Santa Sede ha hecho público esta semana, el Mensaje del papa Francisco para la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo, que la Iglesia celebra el 11 de febrero. «La esperanza no defrauda (Rm 5,5) y nos hace fuertes en la tribulación» es el lema que el papa Francisco nos propone este año, en el marco del Jubileo 2025.

En el marco del Año Jubilar 2025, el papa Francisco ha dirigido un mensaje con motivo de la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo, instando a los fieles a vivir esta celebración como «peregrinos de esperanza». En su carta, el Pontífice subrayó el poder de la esperanza cristiana y su capacidad para fortalecer en los momentos de tribulación.

«La esperanza no defrauda» (Rm 5,5), afirmó Francisco, recordando que en los momentos de sufrimiento «sentimos la necesidad de un apoyo superior a nosotros: necesitamos la ayuda de Dios, de su gracia, de su Providencia». En este contexto, el Santo Padre propone tres aspectos clave para comprender la presencia de Dios en el sufrimiento: el encuentro, el don y el compartir.

El encuentro con Dios en la enfermedad

Francisco destaca que la enfermedad, aunque dolorosa, puede ser una oportunidad de encuentro con el Señor. «Él no nos abandona y muchas veces nos sorprende con el don de una determinación que nunca hubiéramos pensado tener», expresó, resaltando la importancia de aferrarse a la fe en tiempos difíciles. En este sentido, citó a san Juan Pablo II, quien afirmaba que «el dolor lleva siempre consigo un misterio de salvación».

La esperanza como un don divino

El papa señala que la esperanza no es un simple optimismo humano, sino un don que proviene de Dios. «Nunca como en el sufrimiento nos damos cuenta de que toda esperanza viene del Señor», afirma, evocando las palabras de S. Pablo: «Nada, ni la muerte ni la vida […] podrá separarnos jamás del amor de Dios» (Rm 8,38-39). Asimismo, recordó que el Cristo Resucitado «camina con nosotros» como lo hizo con los discípulos de Emaús, brindando luz en los momentos de oscuridad.

Compartir el sufrimiento como signo de amor

El mensaje también puso énfasis en la importancia del compartir y la solidaridad en el dolor. «Los lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo», dijo Francisco, subrayando que el acompañamiento a los enfermos es una manifestación concreta de la caridad cristiana. «Cuántas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar, a creer, a descubrir el amor», añadió.

El pontífice alentó a los fieles a valorar la presencia de quienes cuidan y acompañan a los enfermos, desde médicos y enfermeros hasta familiares y voluntarios. «Toda la Iglesia les está agradecida», expresó, antes de encomendar a los enfermos y sus cuidadores a la intercesión de María, Salud de los Enfermos, con la tradicional oración: «Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».

Con su bendición final, el santo padre instó a la comunidad cristiana a hacer de la Jornada Mundial del Enfermo un canto de esperanza y un testimonio de amor que ilumine la sociedad.

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