Un café con Jesús. Flash sobre el Evangelio del V Domingo de Cuaresma – C – (06/04/2025)
Estamos ante las puertas de la Semana Santa y la Iglesia nos recuerda, en la segunda lectura de este quinto domingo de Cuaresma, la conmovedora confesión de Pablo en su carta a los cristianos de Filipos: «Por él lo perdí todo» (3, 8-14). A su vez, el evangelio narra la escena en la que Jesús salvó de ser apedreada a una mujer adúltera (Jn 8, 1-11). Ambas lecturas dan mucho qué pensar y mucho de que hablar; así que tenemos la tertulia servida igual que nuestros cafés…
– Hoy me he sentido especialmente tocado por las lecturas de la Eucaristía. Tu respuesta a los escribas y fariseos, que querían enredarte, fue tan inteligente que los dejaste sin palabras, y la confesión de Pablo, al decir que por ti lo había perdido todo, pero que no le importaba, porque comparado contigo todo eso le parecía basura, es emocionante…
– Vayamos por partes -me ha dicho mientras ponía al alcance de nuestras manos las tazas de café que había traído el camarero-. No pienses que me enorgullece haber tapado la boca a los que se consideraban mis enemigos. El orgullo nunca es bueno y, además, no pretendí dejarlos en ridículo, sino ayudarles a recapacitar sobre la misericordia del Padre, porque ¿quién de vosotros está sin pecado para que pueda tirar la primera piedra? Ya lo había anunciado el profeta Oseas al poner en boca de Dios este desahogo: «Cuando Israel era niño, yo le amé, … pero cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí … Yo era para ellos como quien alza a un niño contra su mejilla. … ¿cómo voy a entregarte Israel? Mi corazón se me revuelve dentro a la vez que mis entrañas se estremecen, porque soy Dios, no hombre». Relee el capítulo 11 del profeta Oseas y comprenderás la diferencia que hay entre el Padre y vosotros: Él es Dios y no hombre, por eso está dispuesto al perdón…
– Pero un padre tan dispuesto al perdón ¿no se arriesga a no ser tomado en serio? -he replicado-.
– ¡Cuándo comprenderás que al Padre hay que amarlo y no tenerle miedo! -me ha dicho con mirada amable y dura al mismo tiempo-. A Pablo perdoné que me persiguiera a muerte y ¿cuál fue su vida desde entonces? Y aquella pobre mujer a la que querían apedrear por ser adúltera, ¿crees que se olvidó alguna vez de que le pregunté: «¿Ninguno te ha condenado?» Y le dije a continuación: «Yo tampoco te condeno y en adelante no peques más».
Me he quedado con mi taza entre las manos, y mirando a Jesús con cariño, le he dicho:
– Tú seduces al que se te acerca con el corazón en las manos. Pablo es el más claro ejemplo de una persona seducida por ti. En su carta a los Filipenses, que hoy hemos escuchado en la segunda lectura, lo confiesa con unas palabras que enamoran: «Todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo». ¡Y lo escribió cuando estaba encarcelado por ser cristiano! Por seguirte lo perdió todo y no le importaba…
– Así es. Pablo tenía un futuro de esos que vosotros llamáis brillante. Como discípulo de Gamaliel, que era, hubiera llegado a ser uno de los principales rabinos del judaísmo; después de seguirme, no vivió un día en paz: se convirtió en un proscrito, perseguido por los que antes le aplaudían. Ahora aquellos aplausos le parecían basura, porque descubrió que el Padre le amaba tanto que me entregó para que él tuviera vida. El amor del Padre aparta cualquier tentación de desandar el camino emprendido -me ha dicho señalando el reloj para para indicarme que teníamos que poner fin a nuestra charla-.
– Jesús, siempre te escucho con gusto, ¡ayúdame a dejarme seducir por ti!