Carta del Arzobispo de Zaragoza: Encuentro vocacional

Carlos Escribano Subías
28 de febrero de 2025

El mes de febrero ha venido cargado, en nuestra diócesis y en la Iglesia que peregrina en España, de un marcado acento vocacional, con la celebración del Congreso sobre las Vocaciones celebrado en Madrid del 7 al 9 de febrero y, el pasado fin de semana, con nuestro encuentro diocesano sobre las vocaciones dentro del plan VITA.

La ponencia final del Congreso de Madrid sugería algunas cuestiones a considerar, con el objetivo de renovar y potenciar una “cultura vocacional”. En el tercer capítulo se nos proponía una concreción pastoral para pasar de los sueños a los retos y poder discernir el camino. Para poder llevarlos a cabo hacia una cuádruple invitación. La primera es seguir pidiendo al dueño de la mies y, a la vez, seguir acogiendo la llamada sin perder nunca la frescura del Evangelio y la radicalidad de la búsqueda de la santidad. En segundo lugar se propone una llamada a vivir gozosamente la propia vocación y fomentar una cultura vocacional. Entendiendo que la “cultura vocacional se caracteriza por el anuncio del Evangelio, la entrega de una antropología cristiana, la vida entendida como llamada y servicio, donde prevalece la apertura y no la autorreferencialidad. La cultura vocacional es una cultura capaz de acoger la vida como un don que hay que recibir y agradecer, una cultura que se opone a la soberbia de quien quisiera hacerse a sí mismo y no depender de nadie, una cultura que no piensa en la tierra como una fuente de ingresos sino como un don que hay que cultivar y respetar. La cultura vocacional es una cultura donde se anuncia la belleza del matrimonio cristiano, la riqueza del compromiso laical en la vida pública, la originalidad de la vocación consagrada, la necesidad de la vocación sacerdotal”.

La tercera propuesta pasa por dar a la pastoral un alma vocacional y fomentar una organización vocacional de comunión en cada diócesis, convocando a las distintas realidades eclesiales, para recoger y pensar cómo acoger y desarrollar las propuestas del Congreso y para dar forma a un “Servicio diocesano de Pastoral Vocacional”. Y la cuarta nos lleva a promover en la Iglesia la urgencia vocacional y misionera: para poder ser una Iglesia misionera necesitamos hacernos conscientes del carácter vocacional que mueve toda la vida cristiana. Promoviendo todas las vocaciones estamos haciendo posible que la llamada al envío misionero sea fecunda.

En nuestro encuentro diocesano del pasado día 22, D. Luis Argüello nos ayudó, con su incisiva y profunda ponencia, a reflexionar y concretar algunos de esos de esos aspectos y nos proponía dar forma a la caridad recibida en la iniciación cristiana y que debe concretarse como respuesta vocacional en los laicos, las familias, los sacerdotes y los consagrados y consagradas.

Estamos ante un reto apasionante que es fuente de esperanza y que a buen seguro nos ayudará a vivir el espíritu Jubilar. Y también nos sirve para seguir acogiendo el proceso sinodal ayudándonos a desarrollar el reto de la conversión de las relaciones contenido en el mismo. Seguimos construyendo nuestra “Asamblea de llamados para la Misión”.

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